Solo poneros en su piel, intentando concentrarse a miles de metros de altura mientras tiene entre sus manos el cubo de Rubik, dándole vueltas y vueltas a cada pieza mirando atentamente si encajan entre sí. Necesita poner todos sus sentidos en marcha para poder conseguirlo, centrando toda su atención en lo que tiene entre manos sin pensar en nada más.
La caída es espectacular, y más todavía cuando ves que es capaz de resolverlo y darse la vuelta para celebrarlo junto a los demás que caen a su lado. Dos de las cosas más difíciles que existen en el mundo realizadas a la vez, en una hazaña que nos hace preguntarnos de hasta dónde seríamos capaces de llegar nosotros mismos.
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