Es lo que ocurre con esta rana tan campechana, la cual sin pudor alguno se sienta en un banco del parque como si fuese suyo. Se pone como cualquier hombre normal descansando, apoyando las patas delanteras sobre sus pequeñísimas rodillas mientras observa cómo el tiempo pasa. Si llevase un sombrero y tuviese un periódico a su lado ya sí que sería difícil distinguirla, llamando todavía más la atención.
Un espectáculo que nos encantaría poder ver en los parques de nuestra ciudad, donde encontrarnos ranas tan simpáticas y encantadoras como ésta anima el día a cualquiera. Seguro que desde que la vieron por primera vez se ha vuelto la reina del parque, atrayendo a gente para ver si tienen la suerte de encontrarla descansando en su banco, impertérrita a cualquier persona que pase por delante suya.
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