O eso pensaba este portero, que después de marcar el gol de penalty fue a celebrarlo tranquilamente con todos sus compañeros, chocando palmas y sonriendo mientras se dirigía a su portería a paso lento. Algo normal, donde meter un gol paraliza el juego hasta que todo el mundo esté en sus puestos…normalmente, ya que según las reglas no es obligatorio esperar a que todos los jugadores estén parados en su posición.
Con un buen olfato los delanteros del equipo rival no pierden el tiempo y nada más oír el silbato del árbitro chutan desde el centro del campo aprovechando que el portero se encontraba todavía de celebración. Apenas pudo ver pasar el balón por encima de su cabeza, viendo impávido cómo entraba en la portería consiguiendo el empate de una manera tan tonta.
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