Esta ocasión es una de esas, donde unos adolescentes están pasando la tarde en casa de uno de ellos y, aburridos, deciden ver de qué es capaz cada uno para sorprender a los demás. No parece que surjan muchas ideas hasta que el malabarista del grupo comenta que es capaz de dar con su gorra mientras hace una voltereta al que tenga enfrente. Con una apuesta así hay que ser tonto para no aceptarla.
Pues para sorpresa de todos consigue darle en la cara con la gorra, en una voltereta imposible para darle la suficiente inercia y que acierte de pleno. Un ZAS, en toda la boca digno de salir en los libros cuando alguien busque la definición, seguro que ahora se pensarán dos veces el poner en entredicho las palabras del chico.
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