Según cuenta la historia, este niño tenía mucho miedo a la oscuridad, lo que obligó a sus padres a enterrarle dentro de un ataud en una parte bien iluminada, tanto por el sol como por los rayos de la luna. Un sistema que permite que pueda descansar en paz, o al menos que se acerque lo más posible a ella.
Además las personas que le llevan algún juguete a la tumba pueden disfrutar de su presencia en forma de un ángel guardián, que les protegerá de la mala suerte y les ayudará en la medida de lo posible. Una de las mejores formas para tratar de solucionar un problema, dándole una razón para volver a caminar entre nosotros.
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