Una Game boy que a pesar de tener un aspecto horrible llena de quemaduras y con los botones inservibles sigue funcionando, arrancando los juegos que se le meten y pudiendo meterle pilas para jugar con ella si nos apetece. Nadie se explica cómo ha habido tanta casualidad de que la parte que ha sobrevivido sea la más frágil, la que tiene en su interior los circuitos que a la mínima se estropean.
Sin duda esto nos vuelve a demostrar que las consolas ya no se hacen como antes. Esta Game boy solo necesitaría un lavado de cara para poder volver a ser usada por cualquier persona. Ahora tiene el lugar que se merece, exponiéndose en uno de los museos de la ciudad para adorarla como es debido.
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